martes, febrero 15, 2005

Investigación / Elementos perturbadores de la opinìón pública

EL RUMOR

1. Concepto
Voz que corre entre el público, 2. Ruido confuso de voces, 3. Ruido vago, sordo y continuado.
G. Allport y L. Postman, en el prólogo de Psicología del Rumor definen de la siguiente manera: «un rumor es una proposición especifica para creer, que se pasa de persona a persona, por lo general oralmente, sin medios probatorios seguros para demostrarla».

2. El rumor como fenómeno social
El rumor es un fenómeno social, y, para que exista se requiere, por lo menos, de dos personas. Es un relato o información que se trasmite de boca en boca, sufriendo en el trayecto una serie de modificaciones. A veces aparece en un periódico o se difunde por radio o televisión. Es una información sin fundamento sólido que la sustente, que se trasmite de persona a persona. Hay que considerar corno un caso especial de sugestionabilidad, pues el relato ‑‑real o ficticio‑‑ aumenta y se difunde con rapidez, adquiriendo gran dosis de emotividad.
El rumor, decimos, es un fenómeno social, y como tal se da en todo momento: en la conversación familiar, en las reuniones sociales, políticas y a veces en las de tipo protocolar. Es el llamado rumor ocioso, cuyo propósito es pasar un momento agradable, que sirve para hacer más llevadera la conversación.
Para que el rumor circule requiere de los siguientes elementos, según Morin Edgar:
I) Un grupo homogéneo, económico y políticamente;
II) Relaciones interpersonales, que faciliten la comunicación entre sus miembros;
III) Un ambiente de ociosidad y aburrimiento, medio ideal para generarse. No en balde la mayor parte de los rumores se originan en las peluquerías, los cafés, las salas de espera, los lavaderos, los taxis».


3. El rumor y los elementos de la comunicación
Tratamos de consignar el rumor dentro de algunos de los elementos constitutivos de la comunicación:

A) La fuente o emisor. El emisor es una persona individual y debe tener ciertas características psicológicas.
a) Exhibicionismo. La persona que trasmite un rumor pretende sobresalir en la situación que se encuentra para tener alguna importancia desde el punto de vista social.
b) La esperanza de ser reconfortado. La persona que hace circular un rumor espera compartir su actitud de miedo, tensión o ansiedad, con otras personas, de tal manera que su emoción resulte equilibrada.
c) La agresión. Al tener el rumor dosis de agresión, para el emisor le resulta de desahogo, un tanto reconfortante’.
d) La proyección de conflictos subjetivos. «Se inventa un rumor para hacer correr la versión de algo que nos gustaría que en realidad fuera cierto».

B) Rumor y código
El rumor es coloquial, fundamentalmente, a veces se comunica al oído en forma sencilla y breve, utilizando términos comunes y esquemáticos.

C) Rumor y mensaje.
El contenido es insignificante, intrascendente en cuanto al fondo; breve y conciso en cuanto a la forma; a veces tiene algunos detalles.

D) Decodificación
El receptor, al recibir el mensaje y volver a hacer circular, lo reelabora, de acuerdo con su emoción a intereses.. Con el receptor continua la cadena del proceso de la comunicación, y se desliza hasta que se detiene de acuerdo con las diferencias de carácter social o cultural.

4. Rumor, chisme, murmuración y «bola»
Hay diferencias de grado entre estos vocablos. El chisme:
«Noticia verdadera o falsa con que se pretende indisponer a unas personas con otras o se murmura de alguna. (Murmurar: «Conversar en perjuicio de un ausente, censurando sus acciones»; en tanto el rumor no tiene fundamento y se difunde con rapidez, sin conocerse en forma concreta, su origen o fuente.
En algunos países de América se ha generalizado el use del vocablo «bola». En el Perú, las «bolas» van rodando por las distintas capas sociales, siendo motivo de las «comidillas», de los temas de café, de clubes, incluso de reuniones oficiales.
Gelasio Ortiz Columbie distingue los siguientes términos: el rumor «es una noticia que no ha sido confirmada cuya procedencia se ignora, pero que circula, se expande, se comunica de viva voz, de individuo a individuo, de boca a oído»; la bola «es un rumor que tiene su origen en un fin calculado, generalmente malicioso»; las murmuraciones que «son rumores que se refieren casi siempre a la conducta personal».

5. ¿Como se trasmite el rumor?
Las etapas psicológicas por las que pasa el rumor son: 1) la percepción: auditiva o visual, o sea, se ve algo (hecho, acontecimiento) o se escucha en forma espontánea o intencional; 2) el recuerdo de lo que se ha visto a oído; y 3) la información, valiéndose de cualesquiera de los medios disponibles.
Estos pasos no son rígidos. Cuando uno percibe algo hay influencias de distinto orden y del estado de ánimo, que nos permite recordar con mayor o menor precisión. En el segundo paso se produce la fijación o el olvido de algunos detalles. El ultimo acto, la información, depende de los pasos anteriores y, sobre todo, de nuestra capacidad de hablar, escribir y del medio donde uno se desenvuelve.
En la investigación que ha efectuado Bartlett, «demuestra de variada manera el carácter creador y constructor de la memoria «. «Ningún recuerdo ‑‑según Bartlett‑ perdura como si fuera un nuevo rastro o huella, como una imagen fijada en una película sensitiva, reviviscente a voluntad. Por el contrario, los recuerdos comienzan a cambiar no bien ha terminado la percepción... El papel más crucial de todos lo juegan las acritudes y las expectaciones. Son ellas las que hacen del recuerdo una función constructiva más bien que meramente reproductiva de la mente».
Bartlett, al realizar investigaciones sobre el relato de historias, dedujo que el mismo individuo volviendo a contar la historia a intervalos de días o semanas iba perdiendo detalles. «Las versiones finales eran siempre mas comas que la versión original y, por lo general, irreconocibles. Las inexactitudes se revelaban con marcada incidencia en nombres, fechas y números».
La base del rumor es la conversación. En ella, cada interlocutor trata de poner de su parte mayor ingenio para transmitir el mensaje al siguiente; así se agrega o quita palabras y detalles voluntaria a inconscientemente y, llega finalmente, en forma diferente del informe originario, que a veces inicialmente, es de tipo inocente. Gonzáles Seara, «recuerda aquella secuencia de la película «El Sargento York», en la que cada soldado va aumentando la hazaña realizada por el sargento, al contárselo al soldado siguiente, hasta que el ultimo se vuelve al publico diciendo que ha cogido prisionero al Kaiser».
Según K Young, «los tres medios más importantes de difusión del rumor son: 1) en forma verbal, es decir, mediante la murmuración (este es el procedimiento por el cual se difunden los rumores más efectivos) 2) por carta, mensaje telefónico o telegrama, y 3) en gran escala, mediante los periódicos, la radio, el cine, la televisión, las revistas, los folletos libros».

6. Características del rumor
a) Brevedad, A veces conciertos detalles para despertar el interés; el relato actual de acuerdo con las circunstancias sociales, Impreciso a incierto, incontrolable en su propagación.
b) Exageración. El rumor no circula exactamente como se ha percibido. Sufre, al pasar, exageraciones y se utiliza, por lo general, el recurso te6rico de la hipérbole. Tratándose de cantidades, se aumenta el número o sea se produce la acentuación.
c) Elaboración. El rumor, al continuar circulando, es motivo de una cuidadosa elaboración; se adorna al pasar a otra persona, agregándose o quitándose algún detalle. Y para evitar consecuencias fatales, se reelabora, produciéndose lo que se ha llamado la «tendencia perseverativa». Según el investigador Bartlett, los hindúes son más propensos que los anglosajones a ampliar y adornar sus relatos. En China, «los rumores crecen en dimensión a la vez que en sutileza».
d) Condensación. «Lo que suele ocurrir ‑‑dicen G. Allport y L. Postman ‑‑ es que un suceso, una vez experimentado, se mezcla con estados de conciencia similares anteriores, y forman en conjunto una memoria general».
e) «Convencionalización». Se refiere a la «adaptación al medio», o sea un rumor circula de acuerdo con el medio y las personas que intervienen, utilizan el lenguaje usual conveniente, lo que se llama la «asimilación descendente». Si hay barreras en el lenguaje, por diferencias culturales, o de tipo social, el rumor se detiene y no circula.


7. Requisitos del rumor
Para que se inicie el rumor y «corra « se requiere que reúna las siguientes condiciones: a) que sea de cierta importancia; y b) que tenga ambigüedad. En el primer caso, tanto para el emisor como para el receptor o receptores, debe revertir de alguna significación, puede tener, como se dice, un “grano de verdad», que al pasar de persona a persona modifica su contenido, sin llegarse a precisar los hechos primarios o si en realidad han existido o no. Para su circulación hace falta, pues, el factor motivador. Son materia de chismografía, el escándalo, el miedo, el temor, los temas sexuales, las aspiraciones, la esperanza, el rencor, el odio, el terrorismo.
El segundo caso, la ambigüedad se refiere a la circunstancia de que el rumor admite diversas interpretaciones que dan lugar a la confusi6n o duda; como no se ofrecen las noticias en forma oportuna y objetivamente, en el receptor, existe desconfianza.

8. La noticia y el rumor
La noticia, es un acontecimiento, idea a opini6n que tiene actualidad, interesa a un buen numero de personas y se publica o difunde por cualesquiera de los medios de comunicación colectiva.
La noticia tiene que. haber sucedido real y efectivamente ejemplo, choque de trenes) o con probabilidades de suceder (ejemplo, lanzamiento de un cohete).
En tanto, el rumor no existe, ni ha existido realmente, y se difunde en ausencia de pruebas.
El rumor prolifera y se extiende en colectividades en las que hay ausencia de noticias o estas circulan en forma restringida. Por esto, en una oportunidad, un funcionario de la Oficina de Informaciones Bélicas de los Estados Unidos de Norte América, a propósito dijo: “el rumor corre por falta de noticias. Por consiguiente, debemos proporcionar al pueblo noticias lo más exactas posibles, pronta y completamente”. Esto no quiere decir que, a pesar de la abundancia de las noticias los rumores no dejen de circular. La noticia puede neutralizar o anular el rumor cuando no es presentada en forma ambigua. Los rumores proliferan en países en los que la prensa esta controlada, no solo de parte de la masa, sino del Gobierno. En Alemania, Italia y Japón utilizaron el rumor como una forma de propaganda del Eje.
El periodista, al dar cuenta un hecho, no siempre esta en el lugar de los acontecimientos, y, a veces es influenciado por el rumor. Así, por ejemplo en 1945, los diarios importantes de Francia, de ideología anticomunista, dieron cuenta ‑‑por rumores‑‑ de una supuesta enfermedad de Stalin.
Noticia y rumor son irreconciliables. La primera es verídica, puede comprobarse; el segundo, no es posible de ninguna verificación. A pesar de esto, hay algunos que creen todo lo que Teen o escuchan, y otros, los considerados como hipercríticos, no creen nada lo que informan los periódicos ni lo que propalan la radio y televisión. Los primeros, parece que dijo eran: “los rumores pueden llegar a ser ciertos”.
Las noticias deben difundirse procurando alcanzar un mayor grado de exactitud, sin distorsionar, pues la gente tiene avidez por lo acontecido. Así disminuirá la cosmografía; se procurara que hayan menos pasiones, odio, miedo, venganza; y se habrá formado una conciencia del rumor.
En regímenes tiránicos, con presos, persecuciones, ausencia de libertades, etc. el rumor cobra vigencia; lo mismo tratándose de acontecimientos, cuyo final es esperado por el pueblo; por ejemplo, el termino de una guerra, la caída del tirano; es lo que G. Allport y L. Postman Raman el efecto de final precipitado. En 1945 los rumores se acrecentaron anunciando la muerte de Hitler y la rendición de Alemania.
En países de nuestro continente, y. particularmente en el Perú donde los regímenes de fuerza han primado sobre el clima democrático, los rumores han silo y son el elemento importante que se esparce con una rapidez asombrosa.
Entre nosotros, los rumores mas se conocen con el nombre de “bolas” y en forma picaresca van rodando por las distintas capas sociales, siendo motivo de las “comidillas”, de los temas de café, de clubes, incluso de reuniones oficiales. El 5 y 6 de Febrero de 1975, por ejemplo, Lima fue escenario de gran cantidad de “bolas”, que en distintos sentidos “rodaban” con asombrosa rapidez. Se hablaba de cientos de muertos en la Central de Radiopatrulla; que el agua estaba contaminada; que el Gobierno había dimitido, etc.
Cuando se produjo el amotinamiento en los penales de Lima (San Jorge, Santa Bárbara y el Frontón) el 18 de junio de 1986, coincidiendo con la instalación del XVI Congreso de la Internacional Socialista, se esparcieron rumores de todo Upo, que se intensificaron cuando las fuerzas Armadas debelaron el levantamiento a sangre y fuego.
En las últimas semanas de 1988 hubo rumores alarmantes en Lima que se esparcieron rápidamente en todo el Perú. Se hablaba de la renuncia del presidente de la República; de un golpe militar, saqueos y asaltos; algunos medios de comunicación. siguiendo su línea acostumbrada, destacaban estos sucesos, Pero como informaciones.
Lo grave del caso es que una “bola”, con características Precisas para no circular, recibe una atención inusitada, convirtiéndose en un asunto que motiva una rectificación por la prensa o los medios electrónicos.

9. El rumor en épocas de tensión: pánico y desorden
Las noticias falsas, los rumores, se esparcen a falta de noticias fidedignas o en época de guerra o de grandes conflictos de tipo social.
Las informaciones alarmantes, engañosas, deficientes o incompletas, producen varias clases de efectos. El caso más significativo del “efecto de contagio” encontramos en el relato sobre el programa radiofónico “La guerra de los mundos”. Y el otro efecto es en las informaciones sobre terrorismo que algunos órganos de comunicación le prestan especial importancia. Schmid y De Graaf sostienen que “la violencia suele ser un medio de acceder al sistema de comunicación de masas a incluso un mensaje en sí misma. Los medios de comunicación están inevitablemente implicados en este proceso debido a la importancia que conceden a la información sobre la violencia”.
El teniente general Constantin Von Altrock relata el pánico que se produjo en 1866 durante la guerra austriaco‑prusiana:
“Es conocido el pánico que se apoderó del regimiento prusia­no de caballería, durante la retirada posterior a la batalla de Trau­tenau, en Bohemia. El regimiento se retiraba al trote, marchan­do en columna por la ruta, cuando el comandante del regimien­to envía a un ayudante a la cabeza de la columna, para que orde­nara que marchasen más lentamente. Como el oficial comenzó agalopar a lo largo de la columna en dirección contraria al enemigo, su paso fue considerado un índice de la gravedad de la situa­ción. Cuando los oficiales trataron de alcanzar la cabeza de sus tropas, éstas aceleraron la marcha imitándolos, y pronto el regimiento entero se encontró huyendo a todo galope del enemigo, hasta sobrepasar incluso a una batería prusiana. Sólo varias millas después y tras algunos accidentes. fue posible conseguir que el regimiento se detuviera”.
En 1896 los italianos tuvieron una terrible derrota en Etiopia. En ese entonces circularon rumores de que los abisinios castraban y torturaban a sus prisioneros. Una unidad italiana fue atacada sorpresivamente en un desfiladero por un pequeño grupo de soldados nativos, y los italianos se vieron obligados a retirarse desordenadamente. Jefe y los soldados de categoría y toda la tropa fueron fácil presa del pánico. Sucedió en‑Adua (capital del Tigre).


LA “INVASION” DE LOS MARCIANOS
En la estación “C.B.S”. de Nueva York, en la noche del domingo 30 de octubre de 1938, en forma sorpresiva se inició la trasmisión de la adaptación de la obra La guerra de los mundos del celebre novelista británico H. G. Wells hecha por Orson Welles y el Mercury Theater (Teatro Mercurio del Aire). Se inició el programa con el anuncio de que la dramatización estaba basada en la obra mencionada. Con voz cargada de dramatismo, el locutor anunciaba que un raro meteoro de forma cilíndrica había caído en un lugar de Nueva Jersey, de donde salían monstruos marcianos que avanzaban en dirección al centro de Nueva York “arrasando todo a su paso “. Los boletines se trasmitían intercalando música sinfónica y el terror que causó iba cada vez en aumento.
Este programa se escuchó, según cálculos, por unos seis millones de personas, habiendo sido afectadas un millón. “Mucho antes de que la trasmisión hubiera terminado ‑‑se nos dice‑‑ la gente, por todo EE.UU. estaba rezando, gritando, huyendo frenéticamente para escapar de los marcianos”. En casa de uno de los norteamericanos, Joseph Headley, ese Halloween Boo seguramente tenia a toda su familia de rodillas antes de que el programa llegara a la mitad. El hermano George no estaba en casa. La tía Grace, una buena católica, comenzó a rezar con el do Henry. A Lily comenzó a dolerle el estómago. No se exactamente que hice yo, pero se que comencé a rezar con mas ahínco y más fe que cualquiera otra vez... Cuan pronto pusimos nuestra confianza en Dios”.
La descripción de un individuo afectado con el pánico nos da una mejor idea:
“Tuve un miedo horrible. Deseaba hacer las maletas y tomar a mis niños en brazos reunir a mis amigos, subir al coche y marcharnos tan al norte como pudiéramos pero lo que hice fue instalarme junto a la ventana rezando y escuchando muy asustado, y mi marido, junto a la otro, miraba a la calle a ver si la gente corría. Tenía un crucifijo en mi mano y rezaba mientras miraba por la ventana por si veía caer meteoros. Corrí escaleras abajo y telefonee a mi madre. Ella no había estado escuchando la emisión. Entonces tome a mí bebe y mi marido abrigó a nuestro niño de siete anos y corrimos junto con unos vecinos hacia el hotel donde trabaja mi madre. Salí corriendo de mi casa. Apostaría a que no sabia lo que me estaba haciendo. espere de pie en una esquina a que pasara un autobús, y pensé que cada coche que pasaba era un autobús, y corría para atraparlo. La gente se dio cuenta de lo excitada que estaba y trataron de calmarme, pero yo no paraba de repetir a todos los que encontraba: Han dicho por la radio que Nueva Jersey ha sido destruida por los alemanes, “no lo sabéis?”
La periodista Dorothy Thompson, dos días después cuando el Halloween había pasado escribiría: “Welles ha demostrado algo estremecedor, el pánico primitivo que yace bajo la delgada superficie del llamado hombre civilizado”.
Del pánico que provocó la “invasión” de marcianos, han hecho un estudio interesante Hadley Cantril, Hazel Gaudet y Herta Herzog en el libro publicado en ingles: The Invasion from Mars.
Hadley Cantril, profesor de psicología de la Universidad de Princeton ha hecho un resumen del mencionado libro, de cuyos texto extractamos algunos tópicos más significativos. “Si queremos explicar esta reacción, tenemos que responder a dos preguntas básicas: Por que esta transmisión los asustó a algunas personas, cuando otras transmisiones fantásticas no les asusta? ¿Y por que esta transmisión les asustó a algunas personas, cuando otras transmisiones fantásticas no les asusta? ¿Y por que esta transmisión les asustó a algunas personas y no a otras. La respuesta a la primera pregunta hay que buscar en las características de este programa mismo, que suscitó falsas normas de juicio en tantos radioescuchas.
“Nadie que lea el guión puede negar que la transmisión fue tan real, durante los primeros momentos, que resultó casi creíble, aun para oyentes relativamente cultos y bien informados. No debemos pasar por alto la indiscutible excelencia dramática de la transmisión. Tal inusitado realismo de la actuación puede atribuirse a la circunstancia de que las primeras partes de la transmisión cayeron dentro de las normas de juicio que existían en los oyentes.
“Una gran proporción de oyentes, particularmente en las categorías más bajas de ingresos y de instrucción, ha llegado a acudir más a la radio que a los periódicos para obtener noticias. Casi todos los oyentes, que habían estado asustados y fueron entrevistados, mencionaron en algún momento en el curso de sus rememoraciones, la confianza que tenían en la radio y su expectativa de que se la usara para estos anuncios importantes. Algunos de sus comentarios indican sus actitudes:
“Tenemos tanta fe en las transmisiones radiales. en una crisis, tienen que llegar a toda la gente. Para esto es la radio” .
Es importante formular y responder la pregunta de cómo alguien que sintonizó al principio pudo haber confundido la teatralización, claramente presentada, con un boletín noticioso. El análisis de estos casos revela dos razones principales por las que surgió con falsa interpretación. En primer lugar, muchas personas que sintonizaron la radio para escuchar una dramatización del Mercury Theater, creyeron que se había interrumpido el programa teatral ordinario con el objeto de dar boletines noticiosos especia­les. Tal técnica no era nueva después de la experiencia de esas per­sonas con las noticias radiales de la crisis de la guerra, en Setiem­bre de 1938. La otra razón principal de la mala inteligencia es la costumbre, tan extendida, de no prestar atenc16n a los primeros a nuncios de un programa. Algunas personas no escuchan la radio con atención sino cuando se den cuenta de que se esta transmitiendo algo de especial interés”.

Mas adelante Cantril explica la clasificación de los oyentes en la siguiente forma:

1. Los que verificaron la prueba intrínseca de la transmisión.
“Las personas de esta categoría fueron aquellas que no estuvieron asustadas durante toda la transmisión porque pudieron comprender que el programa era ficticio. Algunas se dieron cuenta de que los informes eran falsos porque se parecían tanto a ciertas narraciones novelescas que estaban acostumbradas a leer”.

2. Los que compararon la transmisión con otras informaciones y se enteraron de que era una dramatización.
“Estos oyentes trataron de orientarse por las mismas razones que los del primer grupo: estaban sospechosos respecto de las “noticias” que estaban recibiendo ...”

3. Los que trataron de comparar al programa con otras informaciones pero que, por varias razones, siguieron creyendo que la transmisión era un informe noticioso autentico

“Dos diferencias características separaron a las personas de este grupo de aquellas que pudieron verificar la transmisión. En primer lugar, era difícil determinar, por las entrevistas, precisamente por que querían estas personas hacer la verificación... En segundo lugar, la actitud de su comportamiento para la verificación, era singularmente ineficaz a insegura. El método más frecuente que emplea esa gente, en su mayor parte, consistió en mirar por la ventana o en salir afuera. Varias de esas personas telefonearon a sus amigos o corrieron a consultar a sus vecinos”.

4. Los que no trataron de verificar ni la transmitir ni el acontecimiento
“Por lo general es más difícil descubrir por que una persona no hizo algo, que descubrir por que lo hizo. Por consiguiente, nos es más difícil explicar por que las personas de este grupo no trataron de verificar las noticias ni de buscar indicios de los marcianos en su proximidad, que determinar por que dieron muestras de su comportamiento, sin objeto alguno, las personas de este grupo estuvo tan atemorizada que dejó de escuchar: corría frenéticamente o dio muestras de su comportamiento que solo se puede calificar de paralizado”.

“En resumen, concluye Cantril, el comportamiento extremado que provoc6 la transmisión se debió a la enorme participación del yo, creada por la situación, y a la total incapacidad del individuo para mitigar o controlar las consecuencias de la invasión. La llegada de los marcianos no ofreció una situación en la que el individuo podía conservar un valor si sacrificaba otro. En esta situación, el individuo se enfrentaba con la perdida inmediata de todos sus valores. nada podía hacerse para salvar a ninguno de ellos. El pánico era ineludible .......
Cantril llegó a entrevistar a 135 personas afectadas por el pánico y dedujo que “la falta de capacidad critica era el factor clave del pánico”. A esto hay que agregar la baja inteligencia, la carencia de educación, el status económico, así como las tendencias neuróticas.
En Quito, Ecuador, a fines de 1940 se irradió este mismo programa. Concluida la trasmisión, el publico al darse cuenta de la falsedad, atacó el edificio causando danos materiales en el 2a piso, donde estaba instalada la emisora; perecieron algunos de sus protagonistas alcanzando los destrozos a las instalaciones del diario “El Comercio”.
Más tarde, pese a la información que se tenía de no ser veraz el contenido, el domingo 12 de noviembre de 1944, en Santiago de Chile, al trasmitirse el mismo libreto, hubo pánico colectivo.
Al recordar 50 años de esta transmisión, una agencia noticiosa comentó:
“En el estudio de la emisora, Orson Welles y el equipo de guionistas de Mercury Theater siguen manejando los efectos especiales: ruidos metálicos, voces agónicas, sonido de explosiones y zumbidos aterradoras de naves que aterrizan toda la parafernalia sonora que acompaña a la fantasía de H.G.Wells y su guerra de los mundos”. Al cumplirse 50 años de la adaptación de la novela de ciencia‑ficción, Radio Braga, Norte de Portugal, retransmitió en la mañana del 30 de Octubre de 1988 ese guión radiofónico. Dice la información:
“La llegada de marcianos a una llanura cercana a Braga, seguida por la posterior invasión de la ciudad, cuyo arzobispo se proclama primado de las Españas, hizo que muchas personas abandonaran sus casas despavoridas, huyendo por la sinuosa y saturada carretera que une Braga con Oporto.
“Sólo al final de la emisión los responsables explicaron de que se trataban, provocando la furia de numerosos ciudadanos, que se dirigieron a la emisora para protestar por lo que consideraron una broma de mal gusto.
“La policía de la ciudad tuvo que ser llamada para proteger las instalaciones de la emisora local, ante la creciente exaltación de parte del publico”.

OTROS CASOS DE PÁNICO
Al producirse el 7 de diciembre de 1941 el ataque japonés a Pearl Harbor, por razones de “seguridad militar “ no se difundieron las noticias sobre las perdidas reales. Se hablaba entonces insistentemente de que las pérdidas habían sido cuantiosas en comparación con el informe oficial. Todo esto obligó al presidente Roosevelt a rectificar las falsedades en la charla “Junto al hogar” del 23 de febrero de 1942. En Agosto de 1945, luego del lanzamiento de la bomba atómica a las ciudades de Nagasaki a Hiroshima, los rumores se esparcieron, causando mayor impacto en la gente de poca instrucción. Tuvieron que intervenir los científicos para convencer, en algo, que mayores catástrofes no se iban a producir.
Por mucho tiempo en la Unión Soviética la prensa no informaba lo que consideraba las malas noticias: terremotos, accidentes de tránsito, crímenes, para evitar ‑ dicen ‑ el pánico. De entonces data el siguiente chiste que dio cuenta un corresponsal de la UP en Moscú.
“El Secretario del Partido empezó a preguntar a la gente lo que haría en caso de bombardeo nuclear, a lo que un hombre respondió, “marcharía lentamente al cementerio”. “Por que lentamente? “Para evitar el pánico”.
En épocas de crisis, dictaduras, guerras, revoluciones o tratándose de un desconocido, el rumor cobra mayor importancia; aumenta en cantidad y se divulga con entusiasmo y rapidez; a veces a voz en cuello y la mayor parte, a hurtadillas. Cuando, por ejemplo, los pasajeros de un barco no saben el destino seguro, el rumor cobra actualidad; si un desconocido llega a una ciudad pequeña, los pobladores se valen del rumor para, tentativamente, noticiar a los que indagan. “La función del rumor ‑‑dice W. J. H. Sprott‑‑ no es meramente dar la oportunidad de tomar la conducción de la conversación a quien la reclama, sino que el rumor también sirve para proporcionar un sentimiento de “saber” en una situación en que no se dispone de un saber oficial”.
Según el autor citado, en Norteamérica, durante la 1ra. guerra mundial, se establecieron “clínicas de rumores” que, cuando hace use de la radio, “divulga mas rumores que los que elimina”.
En Irán (Persia) por lo menos hasta la II Guerra Mundial, en el mercado de Teheran, principalmente y en los demás mercados, la opinión publica se manifestaba por medio de las conversaciones, pues los representantes ante el Parlamento y los periódicos, sólo reflejaban la vida palaciega.
En el Perú, en Marzo de 1991 hubo pánico por la compra y consumo de los productos hidrobiológicos. En la Guerra del Golfo Pérsico, por esta época, las sirenas de alarma causaron pánico en las ciudades judías.
El rumor, si es verdad que no tiene trascendencia, si es acogido por uno de los medios de comunicación social, puede considerarse como un formador de opinión publica.
“El rumor ‑ el run‑run ‑‑ ha dicho Luis Alberto Sánchez‑es característico de las cortes y de las ciudades de gran analfabetismo funcional. Donde pocos o nadie leen es natural que las versiones orales circulen como el relámpago, pero es también necesario que sean respaldadas por una autoridad también oral o verbal”.
Ante la insistencia de rumores y en previsión de graves consecuencias que podrían ocurrir, los funcionarios del Gobierno, especialmente, se encargan de lanzar ataques indirectos, en “defensa contra los rumores”.


9. Explicación de los rumores
La presencia de los rumores da motivo que se busque una explicación. “El rumor de tipo corriente ‑‑dicen G. Allport y L. Postman ‑‑ solemos hallar una marcada tendencia en el agente a atribuir causas a los acontecimientos, motivos a las personas, una razón de ser al episodio de que se trate”.
Los rumores que se refieren a lugares y fechas y nombres propios son susceptibles de sufrir modificaciones cuando pasan de persona a persona. La ubicación geográfica no sufre mucha transformación. Los detalles específicos de ambiente sufren también mutilaciones al trasmitirse; lo mismo si se tratan de nombres de personas y de lugares.

10. El rumor a través de la historia
Sólo vamos a destacar los rasgos más significativos, sin pretender detenernos en todo el devenir histórico.
Cuando Jesús surge a la vida publica, con sus predicas y martirologio, circularon rumores en todo sentido. Sócrates fue condenado a beber la cicuta “acusado de que pervertía a los jóvenes de Atenas y los incitaba a la rebelión”.
En el apogeo del Imperio Romano se contrataron a personas para que se desempeñen como delatores y se confundieran con la gente, en las calles y lugares públicos y pudiesen llevar las noticias al palacio Imperial. Estos delatores, según las circunstancias, se veían obligados a lanzar ‑‑como una contraofensiva‑‑ sus propios rumores.
G. Allport y L. Postaman refieren lo siguiente: El episodio del incendio de Roma en el año 64 de nuestra era nos proporciona un ejemplo interesante. Según el análisis que Chadwick ha efectuado de las pruebas, la plebe admitió y difundió el rumor de que Nerón, soberano por cierto no muy popular, si no había iniciado el mismo la conflagración había por lo menos cometido la aberración de deleitarse con el bárbaro placer de componer una oda a las llamas devoradoras. De nada le valió a Nerón el hecho de que el rumor fuera infundado. En defensa propia, echo mano del recurso del “contrarrumor”, haciendo circular la voz de que los cristianos, aun más aborrecidos que su propia persona habían prendido fuego a la ciudad. Esta versión resultó en verdad aun más a fin a los prejuicios y temores corriente. Bien podía ser “cosa de cristianos”, de los aborrecidos cristianos, un acto de esa naturaleza, y así se volcó de pronto sobre estas víctimas expiatorias la furia de la plebe, olvidando de momento su hostilidad para con Nerón”.
“El episodio ‑‑‑ dicen mas adelante los autores citados ‑‑ sugiere otro punto de interés. Aún cuando el rumor relacionado con la culpabilidad de Nerón quedara rechazado de momento, reapareció con el tiempo. La composición por el de una oda musical a la conflagración se convirtió en leyenda histórica y, mas tarde, adquirió fuerza de proverbio. Un sujeto de tan cruel corazón no podía menos de tocar el arpa mientras Roma ardía. Si lo hizo o no, nada quita o agrega a nuestro caso; la conducta que se le atribuyó es una simbolización de su laya. Vivido, incisivo y metafóricamente cier­to, el hecho quedara ligado para siempre a su nombre. Y puesto que la insensibilidad no es poco común flaqueza frente a los gran­des cimientos humanos, hallamos ocasiones sin numero para a­plicar un proverbio que en su origen fue atribuido calumniosa­mente para satisfacer un sentimiento de odio”.
En la Edad Media, en las Cruzadas se multiplicaron los relatos que se referían a milagros, pillajes, fechorías. La vida de la come papal y las actividades publicas y privadas de los pontífices, en especial antes de la Reforma, fueron motivo de conversaciones en corrillos que se difundían interminablemente. La Historia del Perú tiene muchos ejemplos de casos en los que los rumores han jugado papel importante en nuestra vida azarosa. Cuando los españoles ocuparon la plaza de Cajamarca en 1532, se esparció la noticia de que los hombres a caballo formaban una sola unidad.
En los regímenes dictatoriales que han abundado, los rumores han sido fuente de conversación y de noticias. Con el correr de los años, el establecimiento del correo que utilizan medios veloces (ferrocarriles, aeroplanos, etc.) y el empleo del telégrafo, la radio y la televisión, hacen posible que los acontecimientos que suceden día a día en los mas apartados lugares del mundo, sean conocidos, con diferencia de segundos, por millares de personas diseminadas en el orbe. Los rumores no s6lo han disminuido, sino que son rechazados para dar paso a la verdad.
Es incontrovertible que se ha ganado en forma insospechada en cuanto a la captación de la noticia, su elaboración y su difusión; sin embargo, no podemos afirmar que los acontecimientos lleguen a conocimiento de los lectores a oyentes. Si es verdad que se destaca lo importante, no es menos cierto que la informaci6n sigue siendo “ambigua”, o sea que se produce la imposici6n de la noticia y al publico se le ofrece, en realidad, un material tamizado, oficializado, distorsionado. Los asombrosos inventos no han servido para mejorar el contenido de los mensajes. Hay mucha incógnita que despejar, hay subordinación, y continua siendo un secreto la verdad en toda su plenitud.

11. Leyenda, folklore y mito
Leyenda. G. Allport y L. Postman conocen a la leyenda con el nombre de “rumor cristalizado”.
La leyenda ha sido definida por La Pierre y Farnasworth como “un rumor que ha pasado a formar parte de la herencia verbal de un pueblo “. El rumor debe tener categoría, significación para que se relate de generación en generación.

Significado de leyenda, que nos interesa:
“Relación de sucesos que tienen más de tradicionales o maravillosos que de histórico o verdaderos”.
Es una narración que pertenece al genero épico; se destaca el aspecto fantástico o popular, y se apoya en la historia y en la tradición.

En la leyenda se pueden distinguir dos formas:
a) Leyenda oral. Es anónima, generalmente colectiva, cuyo relato se trasmite de generación en generaci6n; en el trascurso del tiempo va sufriendo modificaciones hasta tener un carácter fantasioso. Ej. La leyenda de los hermanos Ayar.
b) Leyenda literaria. es; narrada y creada por un escritor, teniendo como base la epopeya. Se basa en la leyenda oral y a veces crea un nuevo argumento.

La leyenda es estudiada por el Folklore.
La palabra folklore se escribe indistintamente folclore, folclor, ya castellanizando.
Esta palabra proviene del ingles folk, pueblo, y lore, conocimiento, sabiduría. Fue usada por primera vez, a mediados del siglo pasado, por el profesor ingles William U. Thoms, considerando como ciencia que estudiaría el “saber tradicional de las clases populares”. Se entiende por saber tradicional el que se imparte oralmente al margen de la escuela; una sabiduría tradicional que sobrevive en las “naciones civilizadas”. Según la definición tradicional del Folklore. ‑dice José María Argüedas‑ este no puede existir sino en los pueblos que tienen dos clases de habitantes (según su grado de conocimiento del mundo y su habilidad para fabricar cosas útiles); una capa “superior”, la que ha estudiado en colegios y universidades, y que posee el conocimiento científico; y, otra, una capa “inferior”, “pueblo” (lore), que s61o domina el conocimiento tradicional.
Para los europeos hay otra ciencia que estudia los pueblos en los que predomina el saber tradicional; es la etnología que, según Arguedas “se ocupa no só1o de los hombres “primitivos” o “no civilizados”, sino del modo de ser especial de cada pueblo, cualquiera que sea su grado de desarrollo intelectual y su habilidad para hacer las cosas útiles. Por eso, el Folklore para tales científicos modernos estudia únicamente los cantos, las leyendas, los cuentos, las danzas y la música, que se transmite mediante la palabra, de oído a oído, de generación en generación, y no gracias al aprendizaje en escuelas, colegios y universidades”. El etnólogo norteamericano Franz Boas considera el Folklore “como el estudio de la literatura oral de un pueblo, cualquiera que sea su grado de evolución social”.
Arguedas: “Entendemos como materia de estudio del Folklore solamente la literatura oral (mitos, leyenda, cuentos, canciones, adivinanzas, insultos, etc.) y las artes muy relacionadas con la literatura oral (principalmente, la música y las danzas; aunque el estudio sistemático de la música y de las danzas son materia de ciencias especializadas: como la etnomusicología y la coreografía folklórica)”.

Mito
Diccionario de la Lengua Española: Fábula, ficción alegórica, especialmente en materia religiosa”.
“El mito ‑ dice Arguedas ‑ es un relato, un cuento que intenta explicar el origen del mundo en su conjunto de lo que llamamos universo, o bien de a1gunos de los aspectos del universo, por ejemplo, el origen del hombre o la creación de las montañas que forman el mundo exterior”.
En los mitos los temas son de importancia pero ambiguos. “De tarde en tarde ‑‑dicen G. Allport y L. Postman... surgen rumores que anuncian el inminente fin del mundo, la llegada del Mesías, curas sobre naturales de algún santuario, visiones celestiales. Recuérdese, entre otros tantos casos, el “ángel “ que apareció en el cielo, sobre las trincheras de Flandes, durante la Primera Guerra Mundial... Las hazañas del Rey Arturo, de Federico Barbarroja, de Juana de Arco, son un fárrago de ficción y realidad en el que la leyenda ha cargado la mano. Nadie, a no ser tal vez algún historiador, extrae el meollo de verdad que en ellas hay; nadie se toma la molestia de hacerlo”. “A medida que el rumor va tomando sentido aforístico o de leyenda ‑‑dicen mas adelante los autores en mención — adquiriendo mucho de este carácter estimativo o metafórico. El que los avestruces escondan la cabeza en la arena es una fábula desde el punto de vista “informativo‑enunciativo”. Las avestruces no hacen eso. Los mitos se clasifican en los siguientes grupos:

1.‑ Cosmogónicos.‑ Explican la creación y evolución del mundo. Ej. Dios creó el mundo en siete días.
2.‑ Teogónicos. Tratan sobre el nacimiento a historia de los dioses. Ej. la mitología greco‑romana.
3.‑ Escatológicos.‑ “Conjunto de creencias y doctrinas referentes a la vida de ultratumba”, según el D. de la L. E. Se trata de explicar el destino final del mundo y del hombre. Ej. los mitos de los gentiles o pobladores pre‑incas.
4: Morales.‑ Se refieren al origen de las normas éticas. Ej. los referidos al origen de la mentira, del robo.
Los mitos se sustentan en la región; no tienen base histórica, como sucede con la leyenda.


11. Clases de rumores
Sin pretender ser limitativo, intentamos una clasificación, en la forma siguiente:
a) Rumor ocioso. Es el aparentemente intrascendente, que se emplea en una conversación espontánea para pasar el rato más o menos alegre.
b) Rumor sigiloso. Es de carácter temporal. En forma misteriosa se susurra al oído hasta que todos lleguen a conocer. Es del “Upo Casandra” que anuncia alguna desgracia. Ha sido empleado por el sociólogo ruso Bysow. También son de esta clase los rumores hostiles.
c) Rumor impetuoso. Como su nombre lo indica es veloz en su trasmisión. Se refiere a accidentes, catástrofes, victorias o derrotas en las guerras. Tiene carga emocional de pánico o ira.
El rumor esta estrechamente vinculado con los estados de agitación social, tumulto, desordenes populares. “Nunca estalla un tumulto ‑‑dicen G. Allport y L. Postman ‑‑ sin rumores que lo inciten, lo acompañen o intensifiquen su violencia”.
d) Rumor “sumergible” o “zambullante”. Es también de la denominación de Bysow. Se trata de rumores que tienen vigencia por un tiempo para después desaparecer y, finalmente se actualizan, cuando las circunstancias lo permitan. Tal es el caso, por ejemplo, del rumor del envenenamiento de las aguas de los ríos, de los pozos de agua, que, en caos guerra, se difunden.
e) Por el tema. Es indeterminado. Comprende lo relacionado con la política, las enfermedades, sexo, deporte, profesiones; varia de lugar a lugar, en tiempos de guerra o de paz y esta subordinado al asunto de que trate.
g) Por el motivo. Depende del factor motivacional de cada individuo, para que prefiera uno a otro rumor y así poder trasmitir. Si no existe una razón especial, no estará en condiciones de ser parte activa en la difusión del rumor.
h) Por el público. “Cada rumor tiene su publico”. Es una verdad que no merece mayor análisis. El rumor, para difundirse, depende de la comunidad de interés, de las diferencias individuales y del grado de su gestionabilidad de las personas.
Un rumor de tipo financiero, de tipo político, estudiantil, religioso, circulará y recibirá atención en públicos vinculados a cada una de estas actividades; y en todo caso, dependerá del grado de sugestionabilidad de cada persona. La persona sugestionable no tiene capacidad para hacer un análisis critico y acepta lo que le dicen. En política, por ejemplo, la calumnia y la difamación son aceptadas preferentemente por personas que son enemigas del partido a que se refieren estos rumores. Las personas que están predispuestas al odio aceptan con facilidad los rumores hostiles.
i) Rumor humorístico. Es el que tiene como objeto fundamental causar risa; y, con el pretexto de ella a veces, lleva una intenci6n de satirizar, zaherir, criticar, atacar o puede estar cargado de odio.
G. Allport y L. Postman refieren lo siguiente en la época en que los países europeos eran gobernados por dictaduras
“Un ciudadano pasea a lo largo de un río cuando oye gritos de ahogado. Se echa al agua y saca al hombre a la orilla. El hombre cuya vida acaba de salvar, altivamente se da a conocer: “Soy Mussolini (Hitler, Stalin, según el país donde se contaba el cuento). Me has salvado la vida. Pídeme lo que quieras y será tuyo”. “Pido una cola cosa ‑‑responde el salvador‑‑. No diga S. E. a nadie que yo le he salvado la vida”. No es un rumor ‑‑ ni tal vez muy bueno como chiste‑‑; sin embargo, hombres y mujeres fueron desterrados a Siberia, enviados a campos de concentración alemanes o a las colonias penales italianas por haber contado la chuscada al alcance del oído de un delator”... (Ciertos individuos se inclinan por el chiste, otros por el escándalo).
j) Rumor patológico. Por una inestabilidad emocional se interpretan los hechos en forma distinta a la realidad. Se ve lo que no existe o se oye lo que no se ha producido. Son los rumores alucinantes. Es corriente la expresión: “he visto con mis ojos”; sin embargo, no hubo tal crimen, ni se produjo hecho alguno.
Es común en estos casos los ejemplos de reacciones neuróticas a histéricas del publico. D.M. Johnson nos refiere el siguiente episodio del “anestesista fantasma” que tuvo lugar en 1944 en Mattoon, Illinois:

“El episodio comenzó el 19 de septiembre, cerca de la media de asfixiarlas con gas a ella y a su hija. La policía no halló signos que indicasen la presencia de intruso alguno, pero el señor A, cuando llegó a su casa alrededor de dos horas mas tarde, declaró haber visto c6mo un hombre escapaba por la ventana. La policía volvió a la casa, pero no encontró pruebas. En la tarde siguiente el periódico local presentó en su primera pagina una noticia sobre el ataque con gas con el titulo de “Merodeador anestésico en libertad”.

12. Campaña contra el rumor
Damos términos a este capitulo trascribiendo las líneas de ataque contra el rumor:
1. El rumor no merece fe; es casi siempre falso. Ninguna persona sensata confiaría en el.
2. El rumor puede ser un instrumento de la propaganda enemiga.
3 Los rumores destruyen la moral del pueblo: es antipa­triótico y vergonzoso difundirlos.
4. La persona que esparce rumores es tonta, maligna y peligrosa.
5. Difundir rumores suele ser una manera de descargar en gente inocente las propias flaquezas.



BIBLIOGRAFÍA

1. E. González Llaca en ¨Teoría y práctica de la propaganda¨.
2. G. Allport y L. Postman en ¨Psicología del Rumor¨.
3. Kimbal Young en ¨Psicología social de la muchedumbre¨.
4. Robert E. Lane, David O. Sears en ¨La opinión Pública¨.






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